barbery01-4fe71Existe una clara tendencia a etiquetar a los porteros/as de los edificios con una imagen negativa, al pensar que carecen de un elevado nivel social e intelectual, tal vez por falta de iniciativa y empeño o sencillamente por falta de medios y de oportunidades. Cualquiera que sea el motivo, no se debería infravalorarles puesto que ejercen una profesión como cualquier otra. Precisamente esta es la temática sobre la que se fundamenta esta novela francesa, donde  Renée, portera de 55 años de un acaudalado inmueble de París, es nuestra protagonista, así como una niña de 12 años, residente también del mismo edificio, ambas con muchas cosas en común y un secreto que se obstinan en guardar: su gran inteligencia y su fascinación por la cultura japonesa. A lo largo de la novela, ambas mujeres labraran una relación de cercanía y amistad con un inesperado huésped: la llegada de un nuevo vecino, un distinguido Japonés que hará que Renée se sienta súbitamente atraída por él, especialmente en el plano emocional e intelectual. Se podría decir que es una novela maestra de la literatura francesa, una tragicomedia donde los personajes se vuelven reales y cercanos para el propio lector. Desde luego fue así como me sentí al leerlo, deseando que no acabara nunca y evitando llegar a las últimas páginas. Leí este libro en Francia el año pasado y este verano pude comprobar que ya ha llegado a las pantallas francesas. Una buena noticia o una lástima, depende de cómo se mire, puesto que creo que nunca será posible recrear y plasmar a Doña Renée y a todo el séquito de vecinos tan bien como puede hacerlo nuestra mente. Es inevitable reírse a carcajada limpia en algunos pasajes a la vez que uno no se espera un final amargo y trágico, donde no pude evitar alguna que otra lagrimilla.

Un  libro que trata sobre las relaciones entre personas de distintas clases sociales y de la clara evidencia de que un nivel económico alto no es sinónimo de inteligencia. Un libro que nos enseña a valorar y cuidar las relaciones entre las personas, un libro que en definitiva nos hace ser mejores personas. Una historia más que recomendable.

Este es el segundo libro de Muriel Barbery y el único que he leído, pero sé que escribió La gourmandise, su primera novela, de la no tengo referencias para juzgar si es bueno o malo pero que indudablemente leeré.